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CONSERVANDO LA VIRGINIDAD /anónimo

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La reconoci cuando la vi. Habia sido mi secretaria cosa de 5 años o un poco más. Seguia siendo muy bella, aunque con aspecto triste. La saludé con una sonrisa y ella se alegró de verme. Le pregunté si tenia tiempo para tomar un café y que platicáramos, y me contestó que si.

Fuimos a una cafeteria cercana que yo conocia y que sabia que le iba a gustar. Le encantó. Entre plática y plática, supe que no tenia novio y eso me inquietó pues en el tiempo que fue mi secretaria (unos 2 años) no le conoci ningún novio. Discretamente le pregunté sobre el caso y con un poco de reserva me confesó que le tenia temor a los hombres. Con la simpatia y carisma que me caracteriza logré que me dijera un poco más sobre el asunto y entonces enterarme de que lamentablemente ella habia sido educada muy estrictamente y con muchas limitaciones y advertencias sobre los hombres.
Su madre, aparentemente, habia sufrido un gran desengaño y habia quedado a cargo de una hija desde muy joven.

La consolé y le brindé mi apoyo y mi fuerza. Le dije que no todos los hombres eran asi, que tampoco todas las mujeres eran iguales y que cada persona era diferente y especial. Que tenia que darse una oportunidad de abrirse y probarse como mujer. Eso la asustó. Me comentó que el sexo la asustaba. Le aclaré que hablaba en términos figurados y me referia a sus capacidades como mujer, como ser humano. Aunque, una vez tocado el tema del sexo, le comenté que era uno de los varios aspectos a explorar; que el sexo no tenia nada de malo, y que bien llevado, se podia disfrutar plenamente sin tener riesgos de ninguna especie.

 
Le pregunté que si tenia confianza en mi y, seguramente recordando los #os que fue mi secretaria y conociéndome, me contestó que si. Le dije que le iba a enseñar muchas cosas y que la iba a llevar a un lugar en que pudiésemos estar solos, y que alli iniciaria su educación... y su vida.

Cuando entramos a la habitación, se puso algo nerviosa, pero la tranquilicé firme, pero suavemente. Entonces me dijo que DEBIA llegar virgen al matrimonio. Le sonrei y le aclaré que se podia aprender mucho y se podia disfrutar bastante SIN perder la virginidad, y que si realmente QUERIA permanecer virgen, asi seria, pero no era un deber u obligación.

Comencé deseándola a distancia, mirándola y mandándole con los ojos mensajes de amor y de cariño. Me acerqué lentamente y la rocé suavemente, con ternura, recorriendo cada parte de su cuerpo, sin detenerme demasiado tiempo en un sólo lugar.

Mis labios se acercaron a su boca expectante, pero no los tocaron; sentimos nuestros alientos y nuestra mutua sed de amor. Entonces si, nuestros labios se juntaron. Con los ojos cerrados fui reconociendo o, más bien, conociendo por primera vez sus labios, su cara, sus ojos, su frente, sus oidos, su cuello, su pecho y el resto de su cuerpo.

Al regresar a su boca abierta, mi lengua se aproximó a la suya. Nuestras lenguas se besaron, se acariciaron y se amaron. Mi lengua contó sus dientes y acarició sus encias. Ella suspiró y probablemente alcanzó su primer orgasmo.

 
Le sonrei amorosamente, la abracé y le miré profundamente en sus bellos ojos. Le di tiernos mordiscos en sus labios, en sus oidos y en sus pechos, por encima de su blusa.

Lentamente la fui desnudando. Su blusa, su falda, sus pantaletas y su brassier fueron descubriendo poco a poco su hermosisimo cuerpo, su piel apiñonada, aunque algo ruborizada.

Con algo de timidez y de recato, se tapó sus pechos y su sexo. La abracé, ella desnuda, yo vestido. Le di calor y seguridad. Nos besamos. Ella me correspondió; ya estaba aprendiendo e incluso experimentando.

Recorri con mis manos su piel desnuda. Ella vibraba. Esta vez me detuve un poco más en algunos lugares: su nariz, su cabello, sus brazos, sus muslos, sus redondos glúteos y esa parte carnosa abajo de ellos y su unión. Tambi én acaricié suavemente sus pies, sus pechos y su ombligo. Ella se sentia amada.

Mis labios saborearon cada rincón de su cuerpo desnudo. Los sabores y los olores... y los colores del erotismo.

Mi lengua jugueteó con sus pezones. Mis labios los pescaban traviesamente y ella jadeaba. Los chupé con suavidad primero, y con un poco de más fuerza después, cuando ella me lo pidió y yo vi cuánto era la fuerza que sus pechos resistian. Sus pezones endurecidos me amamantaban. Ella me abrazaba la cabeza y jadeaba con emoción. Ella explotó en su segundo orgasmo.

 
Mi boca siguió el camino del amor. Entre sus pechos, su cuello, sus hombros, bajó por un pecho, mordió suavemente un pezón, luego por su ombligo, su cintura, sus piernas, la parte interna de sus piernas hasta llegar a su hermoso mechón, la entrada a su cueva del amor. Ella acercó su sexo a mi boca.

Mi lengua recorrió su sexo por fuera y poco a poco por dentro, de arriba a abajo, de abajo a arriba. Por su ranura, por la profunda linea del gozo m áximo. Mis labios besaron los labios de su sexo. Ella disfrutaba.

Mi lengua detectó su botón en flor, su clitoris, la sintonia de su placer... y del mio. Mis labios pescaban juguetonamente el centro de su flor, mi lengua acariciaba, rozaba, rodeaba y apretaba. Me retiraba un poco y de nuevo introducia un poco mi lengua. Mi lengua aleteaba, cosquilleaba y ella subia y subia, y me gozaba. Gimió de felicidad y tuvo su tercer orgasmo.

Nos entrelazamos en un abrazo y la protegi. Yo, todavia vestido. Ella sonreia.