Relato 1: Mirando por el balcón
Estaba mirando por el balcón de mi casa cuando presencié lo
que parecía una violación en el piso de enfrente.
Tenían las persianas subidas y con la luz encendida. Se veía
perfectamente lo que sucedía en aquella casa.
Yo, rápidamente, cogí unos prismáticos por ver mejor.
Lo que pude ver es que dos mujeres hacían lo que querían con
otra mujer.
Una la desnudaba y le pegaba; y la otra se ponía lo que parecía
una polla de plástico en la cintura, sujetada con una correa, además
ayudaba a la otra en someter a la mujer que cada vez le quedaba menos ropa.
Le dejaron el sostén (el sujetador) y las medias.
La mujer que iba vestida de negro lubricó el pene y con cuidado lo
iba metiendo a la mujer que se resistía a ello. La mujer de rojo entretanto
ataba las manos a la espalda de la mujer violada; ésta estaba de pie
pero con las tetas colgando (aunque con sostén), mientras la mujer
de negro la iba follando cada vez más deprisa.
Para darse más gusto, la mujer de negro le cogía del pelo con
fuerza y le levantaba la cabeza, mientras la mujer con medias rosas parecía
gritar con más intensidad... La mujer de rojo le quitaba el sostén
(el sujetador) y le chupaba las tetas...
De repente todo el mundo paró en seco. Apareció un hombre con
una cámara. ¡Vaya! Apareció otro hombre con hojas en
la mano. Luego una maquilladora.
Estaba claro. Estaban rodando un película porno. La verdad es que
la habitación estaba demasiado iluminada.
Alguien mira hacia aquí. Por eso, aquí acaba la historia.
Relato 2: Sentad@ mirando la tele
Estaba sentad@ mirando la tele, cuando de repente, haciendo zapping a altas
horas de la noche, vi que estaban haciendo una extraña película
en la tele.
La película estaba a mediante.
Me sorprendió mucho lo que estaba sucediendo en ella:
Una mujer, diríamos, de unos 25 años, andaba desnuda por la
calle; no habían hombres por la calle, solo mujeres. Unas iban vestidas
de hombres y otras de mujeres.
La mujer que iba desnuda, iba desnuda menos unas cadenas que llevaba en el
cuello y las muñecas.
A la gente que pasaba por la calle no le sorprendía la situación...
Esta mujer casi desnuda entra en lo que parece un castillo; baja y baja escaleras
hasta que llega a lo que parece un estanque. Entra en el estanque (no muy
grande), anda hacia el centro. El agua le llega por las rodillas. En el centro
hay una especie de barra. Ella se posa encima mirando hacia abajo. Ata las
argollas (cadenas) del cuello y de las muñecas en los soportes que
hay en esa plataforma.
En ese momento se encienden las luces del estanque y aparecen un montón
de mujeres vestidas de hombre (se notan que son mujeres). Se bajan las cremalleras
de los pantalones y sacan lo que parecen penes de hombre. Se disponen a...
Cuando me suena el teléfono móvil. Apago la tele y contesto
a la llamada. Una vez que me despedido de la persona “impertinente” pongo
otra vez la tele.
Ahora están todas las mujeres alrededor del estanque. Una delante
de la otra. Cada una tiene una polla introducida en la de delante.
Hacen como “la ola” en el fútbol. Una empieza golpeando fuerte el
trasero de la de delante, introduciendo el pene hasta el fondo. La siguiente
hace lo propio con la que tiene delante y así se forma “el efecto
dominó”. Cada vez la vuelta la dan más rápido.
Así se tiran unos 5 minutos.
Al final están sudorosas y gritan sin parar...
Tengo sueño, apago la tele y me voy a dormir. ¡¡Buenas
noches!!
Relato 3: Tuve un sueño
El otro día tuve un sueño extraño. Pensaba que en el
mundo solo habían mujeres.
No habían niñas ni mujeres mayores. Todas estaban de muy buen
ver. Había para todos los gustos. Y se pasaban todo el día
divirtiéndose con todo tipo de artilugios.
Lo que más les gustaba era follar a una joven con dos pollas. Es decir,
dos lesbianas se ataviaban bien con pollas en sus cinturas y luego cogían
a la otra desprevenida y se lo insertaban por el culo y por el coño
durante tanto tiempo que la otra acababa siempre corriéndose y gritando
muy fuerte de placer, de un inmenso placer.
En ese planeta había una jefa que tenía el poder de follar
a quien quisiera donde quisiera. Cuando iba por la calle, solo tenía
que señalar a la que quería (siempre a la mejor) y la follaba
en público como si fuera un escarmiento público.
También hacían competiciones a ver quién aguantaba más
tiempo follando o recibiendo el cariño de una polla de juguete.
Aquí es donde me despierto y no puedo volver a dormirme.