logotipo

img_google
 
 
DIARIO DE RODAJE # 13/#14:
 
 
HOMBRE AFORTUNADO , MUJER INACABADA.

 

      El sábado pasado, 5 de Noviembre,volví a rodar con Laura Bello después de mucho tiempo. Tenía grandes expectativas en ese reencuentro a través de la cámara, expectativas que fueron frustradas por un inoportuno atardecer y una cierta incapacidad por mi parte de expresar lo que necesitaba de ella como actriz. Aún así, fue agradable vernos y pasar un tiempo juntos. Al día siguiente, domingo, pasamos una agradable tarde en casa de Mercedes. Tomamos café en tacitas diminutas y hablamos de todo un poco. Fumé más de lo que debía. Estoy intentando dejarlo, aunque no haya comenzado a fumar del todo. A veces pienso que empecé a fumar con la única intención de poder dejarlo. El caso es que esta semana le he dado muchas vueltas a la película, a lo que quiero de ella, qué quiero contar con esta historia. Y me dí cuenta que gran parte de los temas que creía estar tratando estaban presente de manera circunstancial, más gracias a los carteles explicativos que a la puesta en escena en cuestión. Eso no me parece justo, ni honesto. Madonna dice en la rueda de prensa con la que presenta su nuevo disco "Confessions on a dance floor" ( yo también me confesé antes de empezar el rodaje de esta película con mis "Confesiones de última hora" ) que hay que amar el arte de uno, porque inevitablemente llegará el momento en que seamos conscientes de que no todo el mundo va a amar nuestro arte. Yo para enamorarme de mi película necesito que sea un poema, necesito sentimientos abstractos, necesito cierta despreocupación por el sentido. Necesito libertad. Es por eso que estoy pensando seriamente en prescindir de los carteles que convertían la película en una película muda convencional. A través de ellos confiaba en transmitir al espectador la historia que se narraba en mi cabeza, que no necesariamente tiene que ser la que finalmente resida en el corazón y el recuerdo de los que algún día la vean. Se que es una decisión comprometida, un salto al vacío sin red y por supuesto sin alas, pero he de seguir mi instinto y prescindir de la razón, de lo establecido, si quiero crear algo nuevo. Si sigo adelante corro el riesgo de abandonos masivos en la platea, preguntas incesantes sobre de qué coño trata la película o el ruido perturbador de los ronquidos de algún espectador. Bien visto, esto último sería de lo más deseable: esta película es un sueño, y quiero que la gente sueñe con ella, sueñe junto a ella; mejor, que se queden dormidos en la oscuridad, arropados por la música que será el único sonido proyectado. Que duerman acunados por mi nana...

Hoy he ido a hacerme las fotos para renovar mi D.N.I. Ya han pasado cinco años ( más lorquiano imposible) desde que hice ese último carnet, desde que compré mis gafas de pasta negra y empecé a ser mi nuevo yo, que ahora empieza a ser mi antiguo yo. Supongo que es hora de renovar mi identidad, o mejor dicho renombrarla. La identidad es un constructo artificial, pero todos tenemos derecho a manejarlo de la manera que mejor nos parezca. Yo lo hago. Todos tenemos varios personajes que interpretamos cada día, y no hay nada malo en ello. Si finalmente prescindo de los carteles, los personajes de mi película no tendrán nombre... Aunque para mí ya los tengan ( todas menos una). Después he entrado a una librería a echar un vistazo a los libros en oferta, y he comprado "Reportaje al pie de la horca" de Julius Fucik y "Cuando la aurora tiende su manto" de Millán Salcedo, los dos por 2'95 euros. Qué barato! Luego he ido a la biblioteca. No tenían el último de Coetzee, ni el último de Etxebarría, ni el último de McEwan... Finalmente he cojido dos autobiografías de dos personajes fascinantes: Lillian Hellman y Michael J. Fox.

El de ella se titula "Una mujer inacabada", y el de él "Un hombre afortunado". Qué bonita coincidencia... También he cojido un manga, "Tierra de sueños" de Jiro Taniguchi. Todo rima en asonante con mi "pesadilla de venus", y con mi vida actual. Si, me siento un hombre afortunado, en gran parte gracias a Ivan, mi amor, y también a algunos pasos necesarios que estoy dando en el camino de la madurez. Empiezo a tener una idea distinta del éxito, a valorar en su justa medida la serenidad, la autoconfianza, a desconfiar de la mentira de la ambición y las expectativas. Después de todo los planos con Laura no estaban tan mal,no? En cuanto a la mujer inacabada, me remito a una pregunta que sigo sin acabar de responderme: ¿Por qué el personaje de Paula desea tanto ser madre? A proposito de este tema, escribí al principio del rodaje un texto inspirado por una canción del disco "Medulla" de Björk. Por aquel entonces solo había oido ese único tema de todo el disco. Hoy ya tengo el disco entero, lo he cojido en la biblioteca municipal junto con los libros.El texto en cuestión es el siguiente:

 

WHO IS IT...

Todos buscamos en nuestro interior a nuestro propio dios.

No queremos depender de otros sino de nuestros designios,

creando seres, creándonos a nosotros mismos.

Si nadie asegura la existencia de un ser superior que garantice el orden, la belleza, la justicia, la verdad,

entonces seremos nosotros quienes encarnemos dicha entidad.

¿Quién es esa persona en la que siempre podemos confiar?

¿La que siempre nos apoya, la que nunca falla?

¿Aquella que nos devuelve nuestra corona?

Ser madre, procrear, inventar algo...dar lugar a la existencia.

Todo empieza y acaba en nosotros mismos.

Rezar una misa en nuestro honor, atender los esponsales...amarnos.

Fertilidad, creatividad, continuar más allá de nosotros, prolongarnos en lo otro...

Ser eternos.

Al parir a mi hijo,nazco yo: estoy engendrando mi propio mito, mi propia deidad...mi ser.

De igual manera, una obra artística nos prolonga, nos realiza, nos da sentido...

...imponiendo también su orden, sus leyes, ya que todos los dioses reclaman su tributo.

¿Quién es?

¿Cómo he de llamarlo?

¿Dónde está?

¿Qué necesita de mí...?

Uno

 

Ella, el personaje, está inacabado. Al igual que la película. Y quizás permanezca así por mucho tiempo, o para siempre. Ella necesita ser madre, tener un bebé, ser su propia madre y amarse como lo haría con su hijo. Necesita aprender esto, o estará condenada sin remedio a repetirse. Como si fuera un sueño. Una pesadilla. No es ni puede ser otra cosa.

Mañana a lo mejor grabo con Paula. Habrá muñecas, muchas muñecas. Y caricias que llegan a una misma. Después iré a casa de Ivan, que pasa este fin de semana en un pueblecito con su madre. Echaré un ojo a Priscilla, nuesta gata ( me atrevo a usar el plural). Jugaré con ella un rato; pobrecilla, seguro que estará triste. Yo también le echo de menos. Y subiré esto a la página web , para que lo lea quien quiera.

Y luego será de noche, y luego será domingo. Y no tendré mucho que hacer, pero lo acepto....

Ahora voy a leer un rato.

Hasta pronto.

 
 
 
"A VENUS NIGHTMARE" - DIARIO DE RODAJE # 12 
 
 
SABADO 22 DE OCTUBRE 
 
 
Volvemos a trabajar, hoy con una ilusión especial: tener otra vez entre mis manos a Mercedes Fontaine como actriz después de la experiencia en "Manchega perdida". Ha pasado mucho, bueno y menos bueno, desde el último plano que rodamos juntos. Ahora la noto más cohibida y expuesta, quizá sea cosa de que vive un momento especialmente dulce con su chico. El hombre en cuestión es Pablo, nueva incorporación que hace con nosotros un debut absoluto y rotundo como príncipe intergaláctico, cruce entre Santo y Starman. Mi actriz reacciona con desparpajo y soltura al ataque indiscriminado que le ofrece un ovni fabricado con medios precarios, homenaje total a mi adorado Edward D. Wood, jr. 
La nave, una vez abatida con un chorrazo de Pronto, aterriza en una mesita auxiliar que acaba siendo una reconstrucción de la psique de una mujer hundida, enferma, desesperada y vacía. Helmut Newton, "Memorias de ultratumba" de Chateubriand, Orfidal y fotos tiradas de amigos de toda la vida...  
Contemplar a la pareja camino del tálamo terraqueo me llena de ternura; aún actuando, están hechos el uno para el otro... 
Al acabar la jornada compartimos una de esas adorables cenas entre parejas, sangría incluida. La charla fue de lo más interesante, incluso tocamos algunos de los grandes temas ( inmigración, violencia de género...). Pero me quedo con la sensación de estar viviendo uno de esos momentos adultos que tanto me gustaban cuando era pequeño. ¿Será que ya me he hecho mayor? Un día de estos me despertaré sabiéndome capacitado para ser padre, o algo peor...
Ah! Se me olvidaba... Empiezo a desentenderme de mis viejas ideas sobre el éxito. Cada día más, deseo que mi única fama empiece y acabe en los ojos llenos de afecto de mi novio. 
Joder, cualquiera diría que ésta es una peli sobre una pareja que acaba mal! 
 
 
 
 
 
 
 
 -----------------------------------------------------------------------------
 
 
 
 STACATTO ( EL AMOR INTANGIBLE).

 

por Luis Miguel Santos.

 

 

 

 Todo empezó como un juego. Él trabajaba en mi empresa en un puesto de relativa responsabilidad, el tipo de cargo que podía ponernos en el mismo nivel sin que ambos dependiéramos el uno del otro en nuestro trabajo diario, aunque nos cruzábamos con frecuencia por la oficina. Nuestros despachos estaban en el mismo pasillo, y por el tipo de labores que solíamos llevar a cabo era algo muy frecuente el tener que consultarnos algún asunto concreto, pedir consejo, información, algún expediente difícil de ubicar. Era más joven que yo, el típico aspirante a ejecutivo con un expediente brillante, lleno de futuro. Por el tipo de carácter que solía mostrar pudimos conectar rápidamente. Yo llevaba un tiempo en la empresa cuando él entró, y me hice cargo de enseñarle los rincones, las rutinas, las normas no escritas que guiaban la estructura de nuestra pequeña sociedad. Enseguida sentí una fuerte atracción física por él; contaba con gran parte de los rasgos que me gustan en un hombre: moreno, delgado, algo más bajo que yo, sensible, firme pero al descubierto, como un ligero muro al aire libre, sin techo, de bordes desgastados pero aún duros. Apreciaba su porosidad, e intentaba prolongar los momentos en que, aprovechando un descanso para el café, conversábamos sobre los aspectos más mundanos de la vida en la oficina, la vida que poco a poco y gracias a mi ayuda iba siendo ya su propia vida, su propio marco. Yo le miraba fijamente a los ojos con una sonrisa, transmitiendo confianza, deseando llenar con mi agua todos los pequeños huecos que podía percibir en él, microsurcos con los que ir creando ríos y afluentes que empaparan su roca, impregnándole, penetrando en su interior hasta gozar del placer de horadar una cueva que fuera mía, de los dos, en su cuerpo. Podía notar cómo iba ganando confianza en mí, cómo prefería mi compañía a la de otros. Aunque fuera de la oficina no éramos más que compañeros, sin opción a formar una amistad, dentro de aquellas paredes, y de ocho a tres, él y yo compartimos una intimidad excluyente, un secreto que fue creciendo hasta que resultó inútil expresarlo con palabras. Era un juego, yo lo empecé; él lo inició queriendo. Nunca hicimos nada que fuera irreparable, nunca hicimos el amor, al menos usando nuestros cuerpos. Utilizaba cualquier pretexto para acercarme hasta su asiento y, acercando mi pecho a su nuca inalterable, tocaba su hombro mientras preguntaba algo, apretando su carne con mis dedos, expulsando el aire de mis labios lentamente, sin mirarnos, jugando con el timbre de mi voz. Él respondía a mi pregunta sin girarse, diciéndomelo todo con la voz, no con las palabras, interpretando mis deseos con un violín invisible, todo vibración. El momento se estiraba hasta que la tensión amenazaba con romper la cuerda; era entonces cuando me incorporaba y volvía a mi despacho, disfrutando cada segundo de ese breve recorrido de apenas unos metros, aferrado a la moqueta, sin flotar, sabiendo que él estaba detrás mío, siempre a un paso de distancia. Nunca lo hacíamos cara a cara, nuestros ojos rara vez llegaban a encontrarse . Podíamos estar frente al mueble del café, junto a los armarios archivadores, en la puerta de la sala de reuniones, yo alargaba mi mano y la mecía hasta rozar sus nudillos, su cadera, su espalda, jamás la punta de sus dedos. Notaba su respiración como el vapor de un tren a punto de partir, y la mía como un huracán congelado, anhelante. Yo sabía que él deseaba esos momentos, él sabía que solo tenían sentido si llegaban cuando los otros estaban cerca, observando, porque su ignorancia era nuestro único conocimiento, un tesoro inestimable. A medida que pasaban los meses, fuimos alargando nuestro juego, llegando más lejos, más profundo, nadando sin usar los brazos o las piernas, con la simple fuerza motriz de nuestra columna vertebral. Nos amábamos, y empezamos a ser peces de aquel mar. He dicho que nos amábamos; y era verdad: yo me amaba, y él se amaba, aquellos momentos fugaces y eternos eran capaces de enamorarnos. No podíamos ir más allá de la sorpresa de habernos encontrado. Nunca fuimos más allá, aunque yo no dejaba de buscarlo. Me cansa enumerar sus circunstancias , pero están ahí: los comentarios machistas, las frases vulgares sobre chicas, novias, ligues, deportes, partidas de cartas, coches grandes, un palacio masculino de total normalidad. Un palacio de cristal que yo pulía, sí, lo pulía, y también lo adornaba, usando mis palabras para hacerlo brillar como algo auténtico. A los ojos del resto, éramos dos compañeros perfectos, nos gustaban los mismos chistes, las mismas mujeres, los mismos trajes italianos. Por la espalda, y en paréntesis, bailábamos un vals de caricias y matices. Recuerdo el verano, traspasar con mi mano los límites de la abertura de su camisa, y tocar su pezón, cálido y endurecido, ver con la piel de mis falanges el brillo perlado y natural de aquel sudor, expandiéndose, contrayéndose, dando vida y regando mis labios, aun estando a una distancia insalvable, algo más de un metro. Nada llegaba a nuestras caras, nadie podía leer qué pasaba en nuestro pecho, yo admiraba el resultado en él cuando me giraba y le veía seguir con su trabajo, podía seguir con la punta de mis zapatos su ritmo, que era el mío, el ritmo que había instaurado con mi roce, mi presencia, un ritmo que se perdía cuando el aire acondicionado esparcía mi olor, cuando yo volvía a ser para él un sujeto, ajeno, externo a él. Me gustaba controlar su devoción, él siempre me dejaba hacer y yo elegía cuándo y dónde volveríamos a ser uno, cuándo y cómo nos fundiríamos durante unos instantes, cuándo alejarme y volver a la realidad. Su consentimiento era mi más preciada posesión, aquellos días. Y entonces, hicimos aquel viaje de negocios...

Compartiríamos la misma habitación de hotel, camas paralelas, todo un misterio. Reuniones, almuerzos, entonces sí nos atrevimos a mirarnos, con pudor, con miedo: ambos sabíamos, queríamos, temíamos, desconocíamos por completo. Esa tarde fuimos a la sauna del hotel junto al resto de compañeros; entre juegos, algunos probaban a quitarse la toalla, jugando, riendo, retorciéndose de placer infantil. Cuando uno de ellos propuso dejarle desnudo también a él, a Él, yo aproveché las circunstancias y robe la toalla, posando la palma de mis manos en sus muslos, notando el calor de su cuerpo, el vapor. En aquel instante su amor parecía totalmente inasible, escurridizo, se escapaba de mi abrazo como un salmón que remonta la corriente. Sentí que solo podría obtener su cuerpo, aún; o que su cuerpo era todo el amor que su alma era capaz de ofrecer. Mientras los otros se tiraban la toalla, eufóricos, yo miraba aquel cuerpo , interpretando las pistas que él me había estado dando hasta ahora, en una confesión postergada y lacerante: era inocente todavía, impoluto, virgen, jamás tocado por nadie. No sabía si de él emanaba un grito de auxilio o un susurro cómplice de gratitud. Esperé, recordé aquel cuerpo y esperé un poco. Hasta esa noche. Cansados, nos desvestimos de espaldas, sin mirarnos. Yo apagué la luz, y el se tendió en su cama sobre las sábanas de raso. Hacía calor. Esa noche en particular, hacía calor, aunque no lo suficiente como para dormir encima de las sábanas. Yo le imité. Ambos vestíamos tan solo nuestra ropa interior. Hablamos; le dije cosas que no recuerdo, cosas que nunca pronuncié. Hablamos de él, sin llegar a hacerlo realmente. En voz baja, en silencio, abriendo los labios como telones de una representación sacramental. Hablamos, es decir, hablé. No imagino a nadie que pueda escuchar como él lo hacía. Escuchaba. Latente, casi dormido. Tocaba su oreja, los bordes, el lóbulo, prolongando el tacto por el cuello, su cabello por momentos. Seguí bajando, hipnótico; yo era el verdadero hipnotizado. Seguí bajando, recorrí la llanura de su espalda, su curva, su danza, seguí bajando hasta el final. Penetré en el lecho de la tela, su prenda interior, toqué su nalga, sus nalgas, las compuse con mi tacto, posando la mano sobre ellas. Era regresar a un lecho materno, lleno de instinto. Ignoro si él dormía ya, creo que no. Prefiero creer que no, aunque se, puedo afirmar, que él aún estaba despierto, notándome, sabiéndome, aceptándome, temblándome. Esa fue mi cumbre, mi gran logro, mi conquista, el punto álgido de todo ese amor inasequible. La noche fue de un blanco radiante y apagado, vibrando en stacatto con la oscuridad. Monocorde, improrrogable. Perfecta, al menos. Días después, ya de vuelta en el trabajo, le confesé todo. Todo. Él no quiso confundirme; dijo "no", aunque yo no hubiera formulado ninguna propuesta, ninguna pregunta, nada le había pedido. Pero todo él se hizo "no". Entendí al momento, era lógico. Había pasado. Deje de acercarme, de tocarle, hablábamos lo justo y necesario. Todo era injusto. Nada era necesario. Unos años más tarde me llamo, quería verme, hablar conmigo. Paso a recogerme con el coche. Su historia: una chica estaba loca por él, deseando amar, se abalanzaba. Todo a favor, y en contra, la casa de los padres estaba vacía y podían intimar, tocarse, amarse, follar. Él no podía follar. No pudo follar. Estaba tan confuso, nunca destrozado. Quería mi consejo, unas palabras. A mí no me quedaban más palabras para él, así que repetí otras, algunas. Pero seguía diciendo que no quería nada de los hombres, nada más que amistad. Una amistad. Quería retomarlo, ser amigos. Yo no podía; ni siquiera podía decirle que no podía. Mentí. No me arrepiento. Todo y nada era justo y necesario. Nos despedimos, estábamos ya cerca de mi casa. Nos besamos, en la cara, un acto apropiado. No ví ningún sentido. Nunca tuve lo pasado más lejano. Afuera llovía. Eché a correr y volví a verme flotar con los pies en el asfalto empapado, goteante, irregular, tan despacio como el aire y mis pestañas me dejaban. Tan solo logré mirar atrás una vez... Nunca más volví a verle.

 
 
 
 " A VENUS NIGHTMARE " : DIARIO DE RODAJE # 11
 

SABADO 17 DE SEPTIEMBRE

 

     Por fin de vuelta!!! La jornada de hoy se caracteriza por los desarreglos digestivos: si después de obligar a mis chicas a lamer pepinos en conserva, usarlos como elemento erótico-lésbico-festivo, fingir un desnudo y enseñar las bragas, para después tragar un cuarterón de leche fresca semidesnatada para a continuación expulsarla de la boca mientras gotea sobre un delantal de Snoopy, si después de todo esto, como digo, siguen dispuestas a rodar , entonces, sin ningún género de dudas, puedo afirmar que trabajo con unas grandes profesionales e inestimables amigas. Como veis, una jornada particularmente astronómica, en la que hubo que soportar algún que otro “trago” amargo, como por ejemplo el primer beso de toda la película, tan tierno, maternal y delicado que fue de amargo a dulce, y acabó derritiéndose “como el azúcar en el café”.

Rodamos plano de chino y bolsa de pegamento esnifable que, fantasmalmente, desaparece de la cinta. David comenta su temor de que la película acabe por ser un galimatías que nadie entienda. Yo digo que me gusta que no se entienda, pero voy de farol. Lo importante es que los sentimientos y las emociones reflejadas se entiendan, a la perfección, en todos sus matices. Irene despliega un abanico de matices que ni ella misma se lo cree. Voy a derribar su falso mito de “soy una actriz totalmente inexpresiva”. Con lo brechtiana y lo chulapa que me sale en los planos!!! Día a día la veo crecer como actriz, como mujer y como rostro. Aunque su papel sea el de alguien fuerte, egoísta y caprichoso, lo va a pasar mal. Tiene una tristeza muy particular, que te llega a través de los ojos. Quizás la pena por no poder cambiar, por mucho que se desee. Su evolución en la película me sirve para expresar el derecho que todos tenemos a equivocarnos, a rectificar, a ser contradictorios, a sufrir por nuestros errores, incluso a no arrepentirnos de haberlos cometido.

 Espero que el rodaje vaya más seguidito a partir de ahora. Nos quedan tantos exteriores!!
 
 
 
 -----------------------------------------------------------------------------
 
 
 
 
 
 
 
 
 DIARIO DE RODAJE # 10
 
 
 
SABADO 11 DE JUNIO 2005
 
Diez sesiones!! Y las que nos quedan...Irene desarrolla su personaje, recreando un auténtico híbrido entre Clark Gable y los Lati Kings. Si! Ella quiere ser hombre...y qué hombre! Paula descubre que Leonor Watling "va del mismo rollo", y recreamos inconscientemente la portada de Marlango. Efecto strobo y opereta en el malecón. Taipei está cerca, cerquita. Homenaje a Bandai en forma de esa camiseta que...Ella "se siente expuesta", hay una cierta belleza en la fragilidad. Afrontar lo que una quiere realmente ser da miedo, más miedo que Nada. Cuantos fantasmas!! Y eso que no pretendía meterme en el cine de género.  Ya tengo mobil con cámara! Y un novio maravilloso...
 
 
 
 
DIARIO DE RODAJE # 9 
 
 
 
SABADO 4-JUNIO-2005
 
Pintaaaaaaaar, pintaaaaaaaaar, pintar sin paraaaaaaaaar! ¡Mojary extendeeeeeeeer yyyyyy vueltaempezaaaaaaaaaaaar! Irene aclimata su nuevo cuarto en casa de paula. Yo aprovecho el impasse para centrarme en pau y constatar como, poco a poco, va creciendo como actriz: demuestra ramalazos a lo Joan Fontaine, echándose cremita frente al espejo, y aprende a llorar sin echar ni gota, toda crispación, desconcierto y pucheros. Nunca una sudadera fue tan trágica. David sustituye (eventualmente) a Lou Antonio en el papel de pesadilla japonesa, y no lo hace nada mal . Viva la tripa y el pelo en pecho!! Todo esto no tiene NADA que ver con el hecho de que haya elegido a David como productor de mi siguiente disco... Quiero que el rodaje entre en una nueva fase, más reflexiva, que logre profundizar en los personajes. El personaje de Irene adquiere nuevos matices en mi cabeza, inspirados en parte por mi querido Wong Kar-Wai. Ella será transexual, pero...al revés. Perfilo un bigote finísimo. No digo más. Me atreveré a pedirle que en su escena con Linda se ponga un...? Oh!